Gastronomía tradicional altoandina

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La gran extensión y las especiales características edafoclimáticas de los Andes han generado una flora y fauna de una riqueza particular. En estas zonas se desarrollaron importantes civilizaciones pre-colombinas, cuyos diversos grupos étnicos supieron trabajar la tierra y aprender las lecciones que ella entregaba, hasta desarrollar eficientes sistemas agrícolas adaptados a las variables, y a veces extremas condiciones climáticas de su territorio. La armonía social, económica y cultural que lograron estaba basada en la producción de cultivos tradicionales como los tubérculos, raíces, cereales, hortalizas, frutales y la crianza de animales, como el cuy y los camélidos. El desarrollo de avanzados sistemas de producción permitió lograr la seguridad alimentaria y un crecimiento poblacional sostenido. Luego, la instauración de una estructura colonial hispana matizó los sistemas socioeconómicos tradicionales. Se introdujeron, promovieron y produjeron nuevas especies de c ultivos y animales, con lo cual se estableció un sistema de producción de alimentos basados en especies introducidas; sin embargo, se mantuvo una importante diversidad de cultivos tradicionales, como la papa, oca, olluco, mashua, tarwi y quinua, entre otros. La creciente demanda de alimentos de la sociedad colonial fue cubierta en gran medida por el aprovechamiento de las amplias capacidades productivas de comunidades altoandinas. Actualmente la población indígena representa a más del 30% de los habitantes de los países andinos. De ellos, el 90% encuentran sustento económico y alimenticio en la producción agrícola tradicional. Los sistemas productivos heredados de sus ancestros, celosamente desarrollados, tienen importantes ventajas biológicas y tecnológicas. El fortalecimiento de estos sistemas es uno de los principales retos de quienes buscan combatir la pobreza, que afecta a más del 80% de la población y mantiene a más del 45% de los infantes en condiciones de desnutrición crónica.

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